Las microfinanzas para ellos

Los beneficiarios de la inversión en Ecuador

Nausica Fiorelli, voluntaria de ADA, viajó a Ecuador para conocer a los beneficiarios de la IMF Insotec, una IMF apoyada por ADA y financiada por LMDF por 1,1 millones de euros en 2018.

Insotec fue fundada en 1980 como una fundación privada sin fines de lucro, por iniciativa de un grupo de pequeños empresarios de la industria para contribuir al desarrollo económico, social y educativo del país.

La institución está presente en 5 de las 24 provincias del país a través de 9 sucursales y atiende a una clientela de pequeños agricultores que cultivan diversos productos, como manzanas, plátanos o cacao. En el segundo semestre de 2018, Insotec contaba con 15.816 clientes.

Durante su viaje, Nausica se dirigió a la sucursal ubicada en El Quinche, a 50 km al norte de Quito, para conocer a dos familias que se habían beneficiado de un microcrédito gracias a Insotec.

A través de su historia, nos cuenta las historias de la familia Pujota, que ha estado cultivando un invernadero durante casi 20 años, y Alfredo Zepeda, un padre que ha estado manejando plantaciones de fresas solo durante unos 15 años.

Disfrute de su lectura.


El Quinche, ECUADOR

Ninguna titulación y toda la motivación

Mientras me preparo para visitar a clientes de Insotec en El Quinche (a 50 km al norte de Quito, la capital de Ecuador), me asalta una leve sensación de ansiedad ante la incógnita de con qué voy a encontrarme esta vez. Sé por experiencia que las gentes de los países andinos pueden ser muy tímidas, e incluso con un buen nivel de español la comunicación pueda resultar compleja.

Puesto que tenemos por delante una hora de camino en coche hasta la sucursal, Santiago, el asistente financiero de Insotec, pasa a recogerme bien temprano. Conforme nos acercamos a la ciudad, empiezo a pensar que quizá esta vez no vaya a ser tan difícil como en la selva peruana: aquí la carretera está asfaltada, se puede llegar a cualquier sitio en coche, y parece que todo el mundo respeta religiosamente el código de circulación.

Quito_1 Quito_2 Quito_3

Cuando llegamos, me encuentro con una urbe repleta de gente vendiendo todo tipo de mercancías y alimentos, una estampa típica de Sudamérica. Al no ser un destino turístico, no me sorprende que sus habitantes me miren con curiosidad.

En cualquier caso, la comunidad mantiene relaciones tanto privadas como comerciales con Quito –la capital– de modo que sus miembros no deberían tener problema en interactuar con alguien que, como yo, no pertenece a ella. A estas alturas, tengo la sensación de que las entrevistas con los clientes ecuatorianos van a ser más fluidas que las que realice a los agricultores de cacao peruanos.

 

Jacqueline, supervisora

  • Jacqueline (1)
  • Jacqueline (2)

Cuando llego a la sucursal de Insotec, situada en el mismo centro de la ciudad, me recibe Jacqueline, una mujer muy atareada que ocupa el cargo de supervisora de la oficina. Jaqueline trabajó como agente de créditos durante mucho tiempo y continúa siendo el principal punto de referencia para muchos clientes, cuya situación personal conoce tan bien como la historia que hay detrás del microcrédito que concedió a cada uno.

Al ver que su móvil no deja de sonar, le pregunto por qué sigue recibiendo tantas llamadas de clientes cuando ya no es agente de crédito: "La cuestión es que me encanta mi trabajo", contesta. "Me gusta cuidar de los clientes, y cuando trabajaba de agente de crédito solía decirles que podían llamarme en cualquier momento para lo que me necesitasen, y eso es exactamente lo que están haciendo", me comenta mientras sonríe. "Confían mucho en mí y saben que si no contesto porque estoy ocupada, les devolveré la llamada tan pronto como pueda".

"Sin embargo –continúa– también he pasado por momentos difíciles, como por ejemplo cuando fui víctima de un secuestro exprés por estar en el lugar incorrecto en el momento inoportuno.  Por aquel entonces trataba con clientes de una zona urbana peligrosa cuando en realidad solo estaba acostumbrada a entornos rurales, que son mucho más seguros y tranquilos".

Tras la conversación nos dirigimos a visitar al primer cliente;  la destreza de Jaqueline al volante evidencia lo segura que se siente circulando por estas carreteras. Sentado en el asiento del pasajero, disfruto del paisaje andino mientras me explica en qué consiste su trabajo y me habla de los clientes a los que vamos a visitar.


La familia PUJOTA

Los invernaderos

Tras media hora en el coche, llegamos a la casa del Sr. Pujota donde nos espera su hija mayor Katherine, una estudiante de Ingeniería Agrícola de 22 años que,   pese a su timidez, rebosa confianza en sí misma y ganas de mostrarnos el negocio familiar. La seguimos hasta el patio trasero y nos abre las puertas del invernadero, donde nos encontramos con su hermana y su tía trabajando.

"Mi padre les pide disculpas por no poder estar aquí hoy –nos dice–: ahora mismo está cuidando del invernadero grande que tenemos junto a la frontera con Colombia”. Desde muy pequeña, Katherine ha pasado la mayor parte de su tiempo libre en el invernadero junto con sus dos hermanas y lo sabe todo acerca del negocio.

Aunque los miles de plantones que crecen en su interior me parecen idénticos, estoy convencido de que no lo son. De hecho, hay un poco de todo: pimiento, apio, lechuga, brócoli, coliflor, remolacha, tomate o acelgas, entre otras especies.  Cada plantón tiene un ciclo de vida distinto y una fecha de caducidad específica antes de la cual debe venderse. Además, los precios varían mucho en función de la planta: así, por ejemplo, mientras que un plantón de lechuga se vende por 2 céntimos (de dólar), uno de calabacín o de pepino puede alcanzar los 12 céntimos.

"Antes producíamos menos, pero ahora somos capaces de ofrecer una mayor variedad", nos dice orgullosa. "Esta es la razón por la que siempre necesitamos microcréditos, porque nos permiten renovar y aumentar nuestra oferta y adaptarnos rápidamente a cualquier cambio en la demanda del mercado". A lo que añade: "Decidí estudiar Ingeniería Agrícola porque me gustaría continuar con el negocio familiar y mejorarlo aún más".

Quito_6 Quito_7 Quito_9 Quito_10


Jacqueline me explica que conoció al Sr. Pujota hace 15 años. Por aquel entonces tenía un invernadero muy pequeño que nada tiene que ver en tamaño con el actual.

A continuación, le pido a Katherine que me cuente cómo empezó todo: "Mi padre y mi madre trabajaban juntos en una plantación de rosas y un día mi padre decidió dejarlo. Gracias a un microcrédito de solo 500 dólares, construyó un pequeño invernadero en el terreno de mis abuelos. Comenzó con 50 bandejas en las que apenas cabían 10.000 plantones, es decir... ¡poquísimos! Mi madre, por miedo a que hubiese dejado un trabajo seguro por algo que no sabían si iba a funcionar, estaba muy descontenta con su decisión y discutía constantemente con él. Pero mi padre no cambió de opinión, y gracias a ello hoy estamos aquí".

"Pese a todo –comenta– los comienzos no fueron fáciles. Mi padre tenía que ir al mercado y buscar clientes activamente. Un buen día se cruzó con un empresario que decidió hacer negocios con él pidiéndole 10.000 plantones de albahaca y perejil, y aquel fue el punto de inflexión para nosotros".

Actualmente, la familia Pujota posee un crédito de 15.000 dólares con Insotec que ha utilizado para comprar otro terreno adyacente al que ya tienen en el norte del país.

"Queremos seguir ampliando y diversificando nuestro negocio –afirma Katherine– y estamos pensando en comprar más terrenos para poner en marcha nuestros propios cultivos. Además, hay en marcha un proyecto conjunto con Insotec para crear una asociación de agricultores". A colación de esto, Jaqueline añade: "He visto en la familia Pujota uno de los posibles líderes desde este proyecto, ya que disponen de una estructura adecuada y poseen contratos con un gran número de clientes distintos".

Dado que Insotec también proporciona servicios auxiliares a sus clientes –entre ellos asistencia médica, veterinaria y jurídica– le pregunto a Katherine si alguna vez los han utilizado, y me contesta que su hermana está recibiendo actualmente un tratamiento odontológico.

El desarrollo del negocio, la reforma de la casa, y la posibilidad de que sus hermanas vayan a la universidad son hoy una realidad gracias a un microcrédito de 500 dólares concedido hace más de 20 años. Aunque Katherine no vivió aquella etapa inicial, en su relato puede apreciarse que sus padres se han abierto paso a base de sacrificio, paciencia y pasión. De hecho, la forma en que es capaz de colocar una semilla en un minúsculo recuadro es una prueba irrefutable del amor y la paciencia con los que se toma su trabajo.

Quito_11 Quito_12 Quito_13

Alfredo ZEPEDA

La plantación de fresas

Nuestro próximo destino es la plantación de fresas del Sr. Alfredo, a pocos kilómetros de la ciudad. Cuando llegamos, un hombre de unos 40 años con un niño pequeño sobre los hombros nos abre la puerta mientras sonríe. En Sudamérica, es habitual ver a padres y madres con sus hijos mientras trabajan, ya sea en bancos, hospitales o mercados de fruta y verdura.

Alfredo, que no es el propietario del terreno, me explica: "Aquí en las montañas la tierra es demasiado cara. Una hectárea puede costar entre 500.000 y 600.000 dólares, y como no resulta imposible comprar, alquilamos los terrenos".

Alfredo tiene tres hijos: el pequeño que le acompaña y dos hijas mayores que actualmente estudian en la universidad en Quito.

"Empecé en la agricultura hace 15 años. Antes era sastre, pero unos parientes empezaron a cultivar fresas y pronto vi que aquel negocio era más rentable que mi tienda de ropa". Analice las posibilidades de pedir prestado dinero y llegué a la conclusión de que los microcréditos eran mi única opción, ya que un banco ordinario nunca habría financiado mi proyecto".

Alfredo quiere asegurarse de que entiendo a la perfección que los microcréditos fueron, y siguen siendo a día de hoy, fundamentales para él: "Hoy puedo pagar los estudios de mis dos hijas en la universidad, lo cual me habría resultado imposible de haberme quedado con la tienda de ropa".

Pronto descubro que la inversión necesaria es muy alta; si incluimos las plantas, la cubierta de plástico del invernadero y el sistema de riego, Alfredo necesita una inversión de 25.000 dólares por hectárea. "Si podemos pagar estos costes por adelantado es gracias al acceso a microcréditos –nos cuenta–, si no sería totalmente imposible. Por ejemplo, hace poco he obtenido un préstamo de 10.000 dólares de Insotec que he utilizado para comprar la cubierta de plástico".

"Sin embargo, los microcréditos –prosigue– son si cabe más necesarios cuando tenemos que hacer frente al granizo o a plagas que destruyen nuestras cosechas. Sin acceso a crédito, todo se iría al traste con la primera desgracia".

Quito_14 Quito_15 Quito_16


Jaqueline me explica que los agricultores más experimentados como Alfredo tratan de limitar los riesgos escalonando los cultivos en diferentes fases de su ciclo de vida, de forma que si una granizada destruye uno por completo, pueden centrarse en otra plantación en la que la cosecha aún esté por llegar.

Al igual que Katherine, Alfredo cuenta con una gran motivación y nunca deja de buscar nuevas soluciones: "Por supuesto que estamos planteándonos cómo limitar los daños que provocan las granizadas. Ahora, por ejemplo, estoy planteándome la posibilidad de instalar unos túneles que pueden servir para proteger las plantas, pero son muy caros y aún no estoy seguro de si se trata de una inversión que pueda permitirme".

 

Mientras vamos en el coche de vuelta a la agencia reflexiono sobre la respuesta de Jaqueline a mi pregunta sobre qué era lo que más le gustaba de su trabajo, y tengo la sensación de entender mejor a qué  se referían sus palabras: "Lo que me gusta de las microfinanzas es la relación tan estrecha que se establece con el cliente. Cuando concedes un microcrédito, llegas a conocer muy bien al tomador: hablas con el cliente y su familia, les escuchas, conoces sus vidas y su pasado, y compartes sus proyectos. Estas personas no han podido acceder a estudios superiores. No tienen un título universitario ni hablan idiomas, pero cuentan con dos recursos si cabe más importantes: motivación e iniciativa. Están dispuestos a asumir riesgos y ansiosas por desarrollar sus negocios. Ver cada cómo cada día personas como ellas consiguen salir adelante y triunfar, es mi mayor satisfacción".

Portraits

volver arriba

This site uses cookies to ensure proper functioning. By visiting this site you accept the use of cookies. OK More