Las microfinanzas para ellos

El proyecto Jóvenes Emprendedores en Ruanda: Encuentro con los primeros beneficiarios.

Para llegar hasta la sucursal de Mahoko, donde se está llevando a cabo el proyecto «Jóvenes Emprendedores» de ADA en Ruanda, primero hay que salir de Kigali, la capital. Luego, hay que internarse hacia el oeste por una carretera sinuosa pero en buen estado, a través de colinas y bosques en dirección a Gisenyi, a orillas del lago Kivu en la frontera con la República Democrática del Congo.

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carte google

 

Veinte minutos antes de llegar a Gisenyi, el vehículo se desvía y toma una carretera accidentada. Prosigue lentamente por un camino de tierra y piedras, a través de un pueblecito, sube una pequeña pendiente y luego vuelve a bajarla. La sucursal UFC de Mahoko se encuentra al final de ese camino.

 

 

UFC Mahoko

 

La sucursal de Mahoko cuenta con once empleados. Está situada en un distrito de 30.000 habitantes, mayoritariamente agricultores. Es en este sector donde ADA y su asociada, la UFC, han decidido probar el proyecto «Jóvenes Emprendedores». La UFC no es el único agente del ámbito de las microfinanzas presente aquí ya que hay otras tres IMF y tres bancos que conceden microcréditos. Nos recibe Chantal, la directora de la sucursal. Realizaremos con ella la visita a los primeros beneficiarios de este proyecto para jóvenes.


Los personajes de la visita :


  • Pierre
  • Pierre
  • Pierre

Pierre, carpintero

Un hombre con muy buena madera

¿Cómo pasar por alto el taller de carpintería de Pierre? Efectivamente, en el borde de la carretera vemos sillas, objetos de madera, y una puerta que cuatro jóvenes se afanan en terminar. Sentado en un taburete, un aprendiz lija con un papel de lija las patas de un mueble. Otro, que está de pie, barniza una gran pieza de madera. Su trabajo está casi terminado… Algo más lejos, dos hombres parecen inspeccionar un panel. Uno de ellos nos hace una seña: es Pierre, de 30 años, que ha podido financiar su actividad de carpintería gracias a un préstamo concedido por la UFC.

Pierre se incorporó bastante tarde a la carpintería, hace tan sólo tres años. Al terminar la escuela, donde se inició en la albañilería, aprendió a trabajar la madera con su hermano. «Fue él quien me enseñó todo», dice con humildad. A los 27 años, se ganaba la vida como trabajador interino donde un carpintero. Enseguida sintió ganas de abrir su propio taller. «Tener tu propia empresa equivale a ser independiente y dejar de depender de los demás», opina. Sin embargo, para lanzarse como empresario, es necesario poderse equipar. «Para convertirse en carpintero, no sólo hay que dominar las técnicas, sino disponer de herramientas y de maquinaria», explica Pierre. Se trata de un oficio donde sierras, marcas, tallas, cortas, esmerilas, lijas… Los carpinteros que no disponen de maquinaria tienen que pasarse por otros talleres, esperar su turno y pagar por esos servicios. «Es una pérdida de tiempo y de dinero», resume Pierre.

Hace poco más de un año, Pierre oyó hablar de los créditos que la UFC concedía a jóvenes menores de 30 años. Disponía de unos pocos fondos, un millón de francos ruandeses (1.000 euros), pero quería pedir prestados 1,5 millones (1.500 euros) para adquirir material. Así fue como conoció a Christian, agente de crédito. Juntos prepararon el expediente de financiación. Estudiaron sus necesidades financieras y, sobre todo, su capacidad para devolver el préstamo. El expediente fue aprobado. Christian incluso acompañó a Pierre a Kigali para comprar las tres máquinas-herramienta.

Hoy en día, el taller funciona bien. Pierre se benefició de los sabios consejos de un mentor, profesor de carpintería, en especial en lo referente al mantenimiento de las máquinas. Viene gente de todo Mahoko, atraída por la aserradora, la pulidora o la talladora. «Incluso han venido a verme cinco o seis personas para preguntarme cómo había conseguido hacerme con estas máquinas –bromea Pierre–, así que las he enviado a la UFC…». Cuando termine de devolver el crédito, tiene previsto comprar otra máquina para ampliar el taller. Pierre ha contratado a un obrero y trabaja con dos ayudantes jornaleros. Éste es el principal impacto del proyecto. No sólo crea valor para el artesano, sino que genera empleo... Empleados que el día de mañana quizás se conviertan en microempresarios.

  • Marie-Chantal
  • Marie-Chantal
  • Marie-Chantal

Marie-Chantal, peluquera

Peino, luego existo

La sala es minúscula. Puede que no tenga ni 6 m2. Junto a un casco secador de pelo, hay un pequeño mostrador por el que están esparcidas tijeras y peines. En las paredes azul claro se ven carteles de modelos impecablemente peinadas, como para recordarnos que estamos en un salón de peluquería. Se agolpan allí cinco personas: la peluquera y su aprendiz se ocupan de una clienta sentada en una silla de plástico de jardín. Una ayudante hace las mechas a otra mujer, que está sentada en el suelo.

Marie-Chantal

¡Bienvenidos al negocio de Marie-Chantal, peluquera en Mahoko desde el 9 de octubre de 2017, día en que obtuvo un microcrédito de 675.000 francos ruandeses (675 euros)! «Un préstamo que habré conseguido devolver en dos años, el 9 de octubre de 2019», puntualiza con orgullo. El préstamo le ha dado para alquilar este local, comprar el equipo necesario, un casco de peluquería, una plancha de alisar, una maquinilla cortapelos y un espejo…

Antes de este microcrédito, Marie-Chantal ejercía como peluquera a domicilio. Solían pedirle descuentos, porque las clientas consideraban que la casa la ponían ellas. «Ahora, todas aceptan pagar sin discusiones», dice sonriendo. En los días buenos, pasan por su local, Mama Axella, entre seis y ocho personas. La peluquería se llama así por una de sus hijitas. «Con este trabajo, mi familia, mis hijos, pueden vivir mejor… Así que quise que se supiera que el salón estaba regentado por la mamá de Axella», nos relata. Ahora, esta madre de dos niñas aporta ingresos complementarios a su hogar.

«Vivimos mucho mejor». Su pareja vende pescado seco, así que con el salón pueden regularizar las entradas de dinero. Además del préstamo, Marie-Chantal se benefició de la ayuda de una mentora, Solange, una peluquera que le insistió mucho en la necesidad de tratar siempre bien al cliente. La asesoró sobre la ubicación del salón, en una carretera que lleva a un mercado, no lejos de un hotel. «Son muchos los comerciantes y clientes que pueden venir».

En menos de dos años, Marie-Chantal habrá liquidado la deuda. Si el éxito se confirma, incluso piensa ampliar: «un salón más grande y mejor equipado, y hasta empleados…». Nos damos cita para 2019: Marie-Chantal tendrá entonces 29 años, una vida mejor y la cabeza siempre repleta de sueños.

  • Janvier
  • Janvier
  • Janvier

Janvier, soldador

Firme como el hierro.

Janvier

Cuando Janvier, de 21 años, llegó a Mahoko hace ya varios años, él, que procedía de otra región, no podía siquiera imaginar que algún día poseería su propio negocio y que una institución de microfinanzas le iba a prestar 400.000 francos ruandeses (400 euros). 400 euros es una cantidad que parece muy pequeña, pero le ha permitido equiparse y comprar un soldador, un yunque y una pulidora, además de alquilar un local.

Janvier, que contaba con formación como soldador, siempre quiso ser su propio jefe. «Quería ser libre, y tomar mis propias decisiones para construir mi futuro», explica. Así que, cuando supo de los préstamos de la UFC, decidió probar suerte. La confianza surgió enseguida entre él y su agente de crédito, Christian. Debemos añadir que Janvier tuvo la suerte de contar con el apoyo de su familia política. «Me informé sobre él –explica Christian– y su suegro me confirmó que se trataba de un muchacho serio». Pacifique, su mentor, asiente: «No da preocupaciones: es un joven muy trabajador y serio que emplea el dinero de una manera adecuada». Así que Janvier monta portales, ventanas o puertas metálicas, que luego vende en unos 70.000 u 80.000 francos ruandeses (70 u 80 euros).

Además de proporcionarle un trabajo, este préstamo también le ha permitido construirse una vida. Acaba de instalarse en una pequeña casa con su mujer. Es padre de un niño de dos meses. Ahora, cuenta con ingresos y puede satisfacer las necesidades de su pequeña familia. Y se ha convertido en «alguien» en Mahoko: «Vienen a verme para pedirme consejo. Ya he enviado cuatro clientes a la UFC».

  • Pacifique
  • Pacifique
  • Pacifique

Pacifique, mentor

«Devolver a los jóvenes su dignidad»

En el proyecto «Jóvenes Emprendedores», el mentor es la persona experta que se encarga de asesorar, ayudar y apoyar al joven cuando inicia su proyecto. Pacifique es profesor de soldadura. Así que apoya en particular a Janvier.

«Mi principal función consiste en devolver su dignidad a los jóvenes», afirma. Suelen abandonar demasiado pronto la escuela. No encuentran trabajo, se sienten infravalorados y pierden su combatividad. Sin embargo,  disponen de ciertas competencias técnicas. «Así que es necesario erradicar sus complejos desde el primer contacto», explica Pacifique, que se describe a sí mismo como un coach.

Lo que sigue es más pragmático. Se trata de recordarles los principios básicos de las micro y pequeñas empresas: ganar pequeñas cantidades de dinero que, poco a poco, garanticen una vida mejor. Por lo tanto, hay que explicarles que deben gestionar con prudencia, no mezclar los gastos personales con los de la empresa, y estar pendientes de la tesorería para disponer de liquidez. «Y luego, además, que sean fiables y respetuosos con el cliente», añade Pacifique. Es preciso acogerles y escucharles debidamente; y respetar los compromisos y los plazos.

Pacifique considera que el papel de mentor consiste en estar presente cuando al joven empresario le hace falta. Ciertamente, el programa prevé dos sesiones intensivas de coaching, pero Pacifique los visita a menudo. También está disponible en todo momento: «Es frecuente que un joven me llame, si le surge algún problema grave. Así que tengo que reaccionar deprisa», explica. Las principales causas por las que un proyecto fracasa tienen que ver con la estacionalidad (un joven anticipó mal los tiempos de inactividad relacionados con las estaciones) o con una dispersión excesiva de la actividad. «En la mayoría de los casos, encontramos una solución, porque los jóvenes realmente quieren salir adelante», matiza sin embargo Pacifique. Y después de todas estas recomendaciones, Pacifique, que sólo tiene 30 años, ¿no siente deseos de crear su propia empresa? «Sí - confiesa - me gustaría mucho poner en marcha mi propio centro de formación». Sólo falta encontrar un mentor para el mentor, y así se rizará el rizo…

  • Christian
  • Christian
  • Christian

Christian, asesor

Sobre el terreno

Christian

De entrada, Christian, de 30 años, agente de crédito en la Caja de Mahoko, nos comunica: «Mi trabajo se hace fuera. No suelo pasar en el despacho más de una hora diaria». Hay que decir que el agente de crédito asignado al proyecto «Jóvenes Emprendedores» está muy ocupado: en 2017, 68 microempresarios obtuvieron un préstamo. En 2018, hay 25 solicitudes en curso de estudio, y ya se han concedido siete créditos. Actualmente, sólo un préstamo ha planteado dificultades: «Uno de los jóvenes ha caído enfermo».

Para obtener resultados tan positivos, es necesario, sobre todo, trabajar en estrecha colaboración con los jóvenes candidatos, reunirse con ellos sobre el terreno, estudiar su proyecto y comprender sus expectativas. «Un joven puede tener muy buena voluntad y un excelente proyecto, por ejemplo agrícola, pero querer aplicarlo en un terreno donde sabemos que no crece nada». Así que la función de Christian es, sobre todo, asesorar y orientar. «Hago las veces de hermano mayor», es decir, abre los ojos al joven emprendedor para que sea realista, o le inculca prudencia. Un proyecto puede fracasar por varias razones: «mala gestión, malas influencias, mala planificación…», nos cuenta. El papel que desempeña la UFC también consiste en ayudar a evitar esos tropiezos. «Todos queremos que el proyecto funcione», añade el agente de crédito. Así que Christian recorre el terreno. Su territorio es amplio. Algunos clientes jóvenes están a tres horas de carretera. Lo importante es reunirse con el joven en su barrio, conversar con su familia, y visitar los posibles locales con el joven empresario. En resumen, construir una relación de confianza. «Intento ponerme siempre en el lugar del joven que viene a verme. Es sencillo para mí, porque tengo casi su misma edad», añade. Christian incluso acompaña a sus clientes a comprar el material. (enlace a Pierre, carpintero).En su calidad de agente de crédito, al financiar a los emprendedores, Christian se ha convertido en uno de ellos. Además, se siente muy orgulloso: «Pienso todos los días en esas personas a las que este proyecto les cambia la vida».

  • Chantal
  • Chantal
  • Chantal

Chantal, coordinadora del ramo regional de la UFC

Cambiar la vida de los clientes

Chantal

A sus 34 años, Chantal ya cuenta con catorce de experiencia en las microfinanzas en general, y en la UFC en particular. Inició su carrera profesional el 9 de junio de 2004 como simple cajera en la UFC, y después se convirtió sucesivamente en agente de crédito, en directora de una sucursal y, desde 2015, en la coordinadora de la sucursal  regional de Mahoko. Se siente muy orgullosa de estar a la cabeza de la zona piloto donde empezó el proyecto Jóvenes Emprendedores. «Es un producto muy bonito –explica– que ayuda a los jóvenes y no exige garantías. Fue toda una sorpresa en el sector». Este cambio de paradigma lo hicieron posible en conjunto ADA y la UFC. «Trabajamos tan estrechamente que hemos llegado a ser como colegas», comenta Chantal.

Por otra parte, se ha comprobado que los jóvenes –cuando confías en ellos– devuelven los préstamos correctamente. «Es todo una cuestión de mentalidad», agrega. El proyecto, que está funcionando bien, se ampliará a otras tres sucursales de la región de Mahoko en 2018. Estos préstamos despiertan gran interés al no requerir garantías y desempeñar un papel social real para todos estos jóvenes que no encuentran empleo. «En la UFC, practicamos una buena gestión y buenas microfinanzas», declara. Confiesa que está orgullosa de su función y de su profesión, que brinda a la gente la posibilidad de acceder a una vida mejor. «La última vez, un cliente que empezó con un préstamo de 100.000 francos ruandeses (100 euros), volvió para vernos y darnos las gracias…». Ahora tiene 30 millones de francos ruandeses (30.000 euros). «¡Le va mucho mejor que a mí!», bromea.


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